Dejando de lado que me siento cada segundo peor (se me van a salir las muelas de tanto bostezar (?)), sentí la necesidad de vaciar un poco mi diminuto cerebro y empezar a plasmar algunas de mis ideas acá en el blog que para algo existe, dejando de lado todas las mencionadas en una entrada de este mismo mes y también dejando de lado la que gestamos juntos en el jardín japonés (jajaja), pensé en empezar a darle vida a un personaje que tengo dando vueltas en mi cabeza desde hace algún tiempo, que yacía muerto en mis pensamientos pero que últimamente recobró muchas fuerzas y ahora quizás sea momento de sacarlo.
Ha llegado el día o eso me parece, ha llegado el momento que espero desde hace años, ¿años? Quizás sean meses o semanas, nunca recuerdo del todo bien nada, y este momento no es la excepción.
Desde muy chico me dije a mí mismo y a los demás que no iba a vivir demasiado, que mi vida estaba destinada a terminar por mi propia voluntad y que ese momento sería como máximo después de los Veinticinco años. Hace tiempo que perdí la facultad de saber cuántos años tengo o dónde estoy parado, hace tiempo que estoy perdido y solo, no distingo entre oscuridad o luz, entre esperanza u odio, simplemente respiro como una planta, que marchita espera que algún día la rieguen, pero ese día no llegará nunca, mis hojas ya no presentan vitalidad ni fuerza, ya no son verdes, ya no son nada, mi voluntad está seca como la tierra que me mantiene firme al suelo, mis planes se quemaron con el tiempo, mi esperanza falleció como quinceañera llena de sueños y con un corazón apenás roto, mi soledad siempre estuvo ahí, pero ahora ni ella se me acerca.
Entonces es cuando digo que realmente llegó el día, debo pensar con frialdad cómo lo haré, debo calcular cada momento para que nada falle y también, debo quemar todas mis obras antes, debo deshacerme de todo lo que alguna vez me llenó de orgullo, debo desaparecer de la Tierra de un golpe, sin dejar rastro.
Podría lamer el frío metal de un arma a punto de abrirme los sesos de un tirón, o podría dejarme caer en mi bañera y saborear mi propia sangre mientras mis pulmones se llenan de agua, podría deslizar suavemente algún objeto cortante y punzante sobre mis gastadas venas y sentir su desgarramiento, escuchar su llanto y observar como brotan sus rojas lágrimas, sentir como se me va la vida en gotas de depresión. Pero ahora que lo pienso tengo tanta mala suerte que quizás las venas se achaten antes y sólo sienta un agudo dolor, pero no lo suficiente como me gustaría.
Podría también dejarme llevar por los fármacos para dormir sutilmente y nunca despertar, para abrazado por mi muerto amor propio, intentar llegar a los más alto del Cielo, para por fin dormir en paz, sin temor, sin desamor.
MGMT - Oracular spectacular
Hace 16 años


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